Aspiro convertirme en un parresiatés

 

Michel Foucault y Jean Paul Sartre en una manifestación (1972)


Creo ser un joven que está en proceso de ejercer cabalmente la parresía; de ahí el miedo de hacer un activismo reticente...

 

Mejía Rivera, Orlando. «Saramago y la literatura alegórica». 


El fragmento subrayado de la foto es un alusión que hace el Dr. Orlando Mejía en un ensayo sobre José Saramago, uno de mis autores predilectos. Esa oración, para mí, no podía ser más acertada: el espíritu de la filosofía se fundamenta en conversaciones conscientes (o, al menos, medio conscientes) de personas haciendo interpretaciones del mundo para luego intentar mejorarlo. 

Soy foucaultiano en el sentido que, al igual que Foucault, creo que el poder es un tejido que nos involucra a todxs, y todo, en consecuencia, es político. Esto hace parte de la consciencia que se debe tener sobre el mundo y, por lo tanto, es una inclinación legítima adquirir un compromiso político.

Albert Camus, el novelista, ensayista y filósofo argelino, tuvo una ética coherente y sus acciones son apreciadas porque no partieron de una ideología concreta. Criticó todo lo que mereciera crítica: a los de derecha, de izquierda, a los capitalistas y comunistas, convirtiéndolo en un pensador contundente con una sensatez moral admirable. 

Freire afirma que el sectarismo es un alejamiento de la realidad. Camus, antecediéndolo, ya había intuido este aforismo y se distanció de «la rebeldía enajenada de postureo» que imperaba en su época, adquiriendo un compromiso más crítico con sus luchas políticas y afianzando su servicio a los marginados, a «los que sufren la historia». A Camus se le ha llamado un moralista ambiguo y esa denominación enseña que entendía la complejidad de los dilemas humanos: es una acción burda simplificar los problemas sociales a alternativas maniqueístas... el mundo es más complejo. Las ideologías privan la criticidad al imponer de forma categórica una cosmovisión absoluta; para Marx, por ejemplo, la ideología es una distorsión de la realidad. Alzar la voz mediante un discurso imparcial es vital para la construcción del mundo: ser un parresiatés. 

El mundo se cambia, como se infiere en los escritos de Saramago, a través de la empatía y el amor. No hay necesidad de una revuelta ineludible. Como dice Foucault: «La lucha política no consiste en la revolución social, sino que se realiza en las microprácticas». Hay que cambiar al mundo preocupándose por las injusticias, como lo hacía Camus; a través de la dialogicidad incondescendiente de Freire y el diálogo sincero entre amigxs que nos enseña Saramago. 

En favor de este objetivo, aspiro convertirme en un parresiatés: un individuo que posee el coraje para saber decir la verdad, incluso cuando esta resulte incómoda, tanto a mí mismo como a los demás. Es hora de comprometerme enteramente con la imparcialidad, la franqueza, el valor, la veracidad, el conocimiento y el bien común. 


Michel Foucault («Discurso y verdad en la antigua Grecia»): 

Más concretamente, la parresía es una actividad verbal en la que un hablante expresa su relación personal con la verdad, y arriesga su propia vida como un deber para mejorar o ayudar a otras personas (y también a sí mismo). En parresia, el hablante usa su libertad y elige la franqueza en vez de la persuasión, la verdad en vez de la falsedad o el silencio, el riesgo de muerte en vez de la vida y la seguridad, la crítica en vez de la adulación y el deber moral en vez del auto-interés y la apatía moral.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Breves - e improvistas- dedicatorias

El cementerio como vida nueva

Los aciertos de Un Mundo Feliz