Sobre el escribir

"La íntegra labor de escribir se hace en plena consciencia de que es un trabajo estricto: cada letra que se escribe y cada sílaba que se pronuncia (producto de haber esquematizado un argumento) pasó por un filtro de pretensiones; todo grafema tiene un propósito. No se puede escribir como si se estuviera hablando, se tiene que reflexionar acerca de lo que se quiere decir, e indagar en esa perspicacia para encontrar una ajustada palabra, una divina frase que represente con justo acierto la existencia".

Imagen: Cómo la escritura transforma la cultura (Martínez, 2023)

El siguiente texto lo escribí hace un tiempo abstraído sobre la función de la escritura en la actualidad (¡¿mi actualidad?!). Ahora me pregunto si las ideas planteadas siguen siendo válidas o si son fácilmente refutables.

El concepto de «ostranénie» («desfamiliarización»), formulado por formalistas rusos como Víktor Shklovski, apoya en cierto modo las nociones de escritura aquí presentadas, en el sentido que desautomatiza la escritura y nos obliga a prestar atención a los elementos del lenguaje de una manera más consciente y activa. Sin embargo, el concepto que desarrollo es distinto al que ellos exponen. De hecho, algunas posturas que difieren de la teoría de la desfamiliarización, como las de Mijail Bajtín, resultan ser más compatibles con este postulado: el establecimiento de diálogos, por ejemplo. 

No pretendo ahondar en las posibles objeciones a este texto, pero sí quiero anticipar algunas de ellas. El movimiento dadaísta, con su énfasis en el azar, se presenta como un serio contradictor a mi postura sobre la escritura. El surrealismo, de igual forma, con su concepto de «automatismo psíquico puro» y la «ausencia de cualquier control ejercido por la razón, al margen de toda preocupación estética o moral», presentado por André Breton, es un fuerte contraargumento. En suma, la libertad, entendiéndola en un sentido absoluto, es una réplica legítima. 

No obstante, es un texto viejo que no quiero revisar o alterar, está cargado de subjetividad y, en términos generales, aquí presento la forma en la cual yo me relaciono y ejerzo la escritura:  


He pensado en la literatura y he concluido que la literatura debe pensarse: el ejercicio literario debe tomarse su tiempo. No soy un literato innato, ni siquiera un aficionado encaminado; sin embargo, me he dado cuenta que el buen escritor es el que piensa la escritura. Plasmar la realidad mediante símbolos no es simplemente una caprichosa actividad artística, sino que tiene un propósito vital. ¿Por qué se escribe y no se habla directamente? ¿En esta era qué nos restringe de que un cuento o un poema sea oral? 

En la comunicación, el lenguaje oral es, por mucho, más eficiente que el escrito; no obstante, las personas de palabras prefieren escribir que confesar su sentir directamente en un video. ¿Por qué?

Para responderme esto he pensado en 2 opciones. La primera es que las personas tienen nostalgia de la historia; la historia se ha conservado gracias a los textos, no había otra manera en la que pudieran contener los hechos. La narrativa oral tergiversaba el discurso original cada vez más en cuanto avanzaba en la sucesión y paso de relatos de boca en boca. La memoria padece afecciones humanas: olvida y altera sucesos. No era confiable; por lo tanto, estaba la imperativa necesidad de configurar textos para darle forma exacta a todo la labor que ejercía la memoria. 

Sócrates, en cambio, sostenía que la escritura no era una herramienta favorable para el fortalecimiento de la memoria; por lo tanto, consideraba que la transmisión del conocimiento a través de la palabra escrita no era la más idónea para el cultivo y desarrollo del pensamiento. Su argumento se basaba en la idea de que al tener acceso a textos escritos, referencias escritas, la necesidad de convencer y educar a través de la argumentación propia se desvanecía; en su lugar, bastaría con recitar lo que se plasmaba en los textos y presentarlo como verdad (Luna, 2021). 

No obstante, mi intención no es hacer apología al desarrollo de las facultades mentales, a pesar de que tiene unas implicaciones interesantes; sino que quiero reflexionar acerca de su naturaleza. La escritura fue necesaria como un canal de comunicación para vincular los distintos escenarios mentales: una persona podía saber lo que pensaba otra (que probablemente estaba al otro lado del mundo) mediante la escritura; sin la escritura, no existía esa forma de conectarse. Aunque, claro, no tenía que ser un forzoso ejercicio exclusivamente intelectual, podía ser una correspondencia directa entre personas que lo necesitaban. Por ende, la escritura, históricamente, era una necesidad: una necesidad de registro y de comunicación. 

El registro no se daba, necesariamente, con un tajante propósito social, se daba también como una acción exteriozadora de emociones, útil para componerse anímicamente.

La exclusividad de la escritura en la historia hacía que esta fuera el único medio de registro y comunicación porque no existían los medios que ahora disponemos: no existían chats instantáneos, videollamadas, teléfonos, redes sociales y, lo más importante, formatos de video. ¿No sería más eficiente presentar ideas y tesis, declaraciones y confesiones mediante un lacónico video? 

Disponemos de medios que nos permiten concentrar la postura de Sócrates y la necesidad histórica de la comunicación en una sola resolución. Si Marx siguiera vivo, ¿no sería más fácil para él manifestar su pensamiento en una casual conversación que sirva como podcast? ¿No se plantearía un debate más consciente si todxs accedieramos  a sus ideas por medio de la oralidad? ¿No es precisamente el habla la comunicación más directa que disponemos como sociedad? ¿Por qué la otra persona me tiene que leer si me puede escuchar? ¿Por qué es necesaria la escritura si tenemos otros medios que valernos?

Esto me lleva a la segunda opción. La literatura, entendiéndose como una expresión escrita o que parte de lo escrito, para que se dé es necesario que se piense. La escritura puede ser una terapéutica tarea en la que las personas exponen una fracción de su ser en una personal narrativa para exteriorizar su ánimo. En esta idea, por ejemplo, al momento de elaborar un Diario puede darse que una inconmensurable fluidez florezca por la vivacidad de la pasión. Sin embargo, a pesar de que sea una ocupación íntima que se desarrolla con digna naturalidad, debe pensarse lo que se dice, cómo se dice y para qué se dice; por eso, la labor de la literatura es encontrar las palabras adecuadas que representen ese sentimiento. ¿Cuál es, entonces, la diferencia entre contar una improvisada historia en el calor de una conversación y contar una historia en un manuscrito? La diferencia, esencialmente, es que la primera historia va a ser vaga, floja, redundante, y en ella se van a articular errantes palabras. Cuando hablamos, no decimos realmente lo que queremos decir; cuando escribimos, expulsamos hasta la más recóndita emoción que con celestiales palabras componen precisos y perspicuos textos. En la literatura lo que se hace es organizar el lenguaje, estructurar ideas y decir con palabras exactas e inequívocas lo que se quiere decir; por eso, la literatura debe ser pensada e, inclusive, si se quiere comunicar algo de forma alternativa, se debe preparar. Si alguien quiere informar un hecho a través de un video, debe ordenar sus proporciones: puede crear un guion y debe estamparlo con letras concisas en un libreto, en algo que guíe su discurso. He aquí la importancia de la escritura y la literatura. La íntegra labor de escribir se hace en plena consciencia de que es un trabajo estricto: cada letra que se escribe y cada sílaba que se pronuncia (producto de haber esquematizado un argumento) pasó por un filtro de pretensiones; todo grafema tiene un propósito. No se puede escribir como si se estuviera hablando, se tiene que reflexionar acerca de lo que se quiere decir, e indagar en esa perspicacia para encontrar una ajustada palabra, una divina frase que represente con justo acierto la existencia.


Fin. Si quieren leer un artículo serio, lxs invito a revisar el texto «Cómo la escritura transforma la cultura» de la profesora de literatura Clara Isabel Martínez Cantón. La autora comenta conceptos bastante interesantes como la Oralidad Secundaria de Ong o el Paréntesis de Gutenberg, formulado por los profesores Sauerberg y Pettitt. 

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